La banalidad en mí
(o cómo decidir entre verde o transparente mientras el mundo arde)
El otro día le pregunté a ChatGPT qué funda ponerle a mi iPhone 17 Pro. Le di dos opciones muy serias, muy pensadas:
– Verde trenzada
– Transparente
Y me quedé tan tranquilo.
A veces le hago este tipo de preguntas. Banales. Superficiales. Y no pasa nada… hasta que un pensamiento se cruza y lo estropea todo: esa banalidad convive con todo lo demás.
Entre la funda y el fin del mundo
Convive con And Just Like That. Con su brillo, su progresismo actualizado, sus personajes intentando ser modernos mientras la superficialidad –la de siempre, la conservadora– sigue asomando. Quizá ahora más que nunca.
Más capas.
Más discurso.
Misma ligereza.
Convive, también, con titulares que no se pueden deslizar sin peso: un accidente ferroviario, muertos en Palestina, conflictos que no admiten modo silencio.
El mundo arde. Literalmente.
Y aun así, yo pregunto por fundas. Por colores. Por decisiones que no cambian nada.
El currículum no te vacuna contra lo absurdo
Un tipo de 29 años. Con dos carreras. Un título propio. Años de experiencia acompañando, enseñando, sosteniendo procesos ajenos.
A punto de hacer otro máster (ya tengo mi plaza €). Ese que –supuestamente– abrirá puertas, multiplicará oportunidades, confirmará que todo esto tenía sentido. Veremos Que sí, que sí... que me da más oportunidades.
Y aquí estoy. Oscilando entre lo trascendental y lo ridículamente cotidiano. Entre querer cambiar cosas y decidir entre verde o transparente.
Hay días en los que siento que debería estar pensando en algo más importante. Que alguien “con mi perfil” debería tener siempre una opinión formada, un posicionamiento claro, una respuesta sólida ante el caos.
Pero no. A veces solo quiero elegir una funda y seguir con mi vida.
¿Frivolidad o mecanismo de supervivencia?
No sé si es frivolidad. No sé si es defensa. No sé si es simplemente humano.
Empiezo a sospechar que la banalidad no siempre es falta de conciencia.
A veces es descanso.
A veces es anestesia.
A veces es la única forma que tiene el cuerpo de seguir cuando la cabeza ya sabe demasiado.
Porque hay un punto en el que estar informado deja de ser virtuoso y empieza a ser agotador. Un punto en el que sostener el dolor del mundo todo el tiempo no te hace más ético, solo te cansa más.
Pensar mucho también cansa
Trabajo con comunicación, con pensamiento crítico, con cuerpo, con presencia. Con adolescentes, con procesos, con preguntas grandes.
Y quizá por eso necesito, de vez en cuando, refugiarme en decisiones pequeñas. Inofensivas. Que no cambian el rumbo de nada.
No para olvidar lo que pasa fuera, sino para no desaparecer dentro.
Cierre
Quizá no sea incoherente. Quizá sea solo una forma –imperfecta, contradictoria– de estar vivo en este siglo.
Un siglo donde convivimos con tragedias globales y comparativas de fundas en la misma pantalla.
Y sí… al final elegí funda.
No solucionó nada. Pero me recordó algo sencillo: seguir aquí, a veces, también pasa por elegir lo banal para poder volver a lo importante.
basado en hechos reÁlex 🎭

