Super Bowl: cuando el espectáculo deja de ser inocente
(apuntes desde la incomodidad)
He visto la Super Bowl 2026 y salgo de ahí con sentimientos encontrados. De esos que no se resuelven rápido. De esos que te acompañan durante días porque no sabes muy bien si te ha gustado… o si te ha removido.
Actuaron Lady Gaga, Ricky Martin… pero el protagonista indiscutible fue Bad Bunny.
Y empiezo desde la honestidad más básica: yo no sabía ni cómo era físicamente. Su música me llega de fondo: por la radio, por los bares, por los coches ajenos, por los calentamientos con mis compañeras antes de crear... Nunca me había detenido a mirarlo. Esta vez no pude no hacerlo. Y no pude dejar de verlo.
La primera capa: el artefacto
La primera capa es clara: el espectáculo es apabullante.
La producción técnica de la Super Bowl es un artefacto casi inhumano. Lo que se construye en quince minutos (escenografía, cámaras, sonido, coreografía, sincronía) es digno de estudio.
Es industria.
Es precisión.
Es poder económico en estado puro.
Hasta ahí, nada nuevo.
Cuando el escenario se vuelve político
Lo que empieza a incomodarme viene después.
Porque el Halftime Show de Bad Bunny no es solo música. Es una irrupción cultural.
Un artista latino, cantando mayoritariamente en español, ocupando uno de los escenarios más simbólicos del poder estadounidense. Y eso (nos guste más o menos) es político. A mí me gusta, para qué mentir… la provocación es maravillosa bien tratada.
No hace falta que nadie levante el puño. No hace falta un discurso explícito. El simple hecho de estar ahí ya es un mensaje.
El escenario ya no es neutro. Nunca lo ha sido. Que se lo digan a una de las figuras teatrales que más me atraen: Bertolt Brecht.
La forma como grieta
Y, sin embargo, mi conflicto aparece cuando empiezo a mirar la forma.
Artísticamente, tengo dudas.
Las letras (al menos las que llegan en ese formato) me resultan pobres. La técnica vocal parece secundaria, diluida entre filtros, bases y producción. La articulación no es clara. La voz no lidera: flota.
Y aquí se activa en mí una pregunta que no consigo apagar:
¿Puede un mensaje potente sostenerse si la forma que lo vehicula resulta frágil ¿Dónde queda la responsabilidad artística cuando el símbolo pesa más que el lenguaje?
No hablo desde el elitismo. Tampoco desde el desprecio al reguetón.
Hablo desde el lugar del creador y del pedagogo. Porque en cualquier pieza artística (escénica, musical, educativa) contenido y forma dialogan. Cuando uno se impone al otro, algo se descompensa, ¿no?
La incomodidad funciona
Y, aun así, no puedo negar lo evidente: la incomodidad funciona.
Funciona porque no deja indiferente.
Funciona porque obliga a posicionarse.
Funciona porque incomoda incluso a quienes ostentan el poder político y simbólico.
He leído análisis que apuntan a que esta actuación molestó a ciertos sectores conservadores, incluso a figuras como Donald Trump. No tanto por lo que se decía, sino por quién lo decía y desde dónde. Porque el escenario ya no era solo suyo.
Una lectura pedagógica
Y aquí aparece otra capa, más pedagógica.
Tal vez esta sea la forma contemporánea de transmitir mensajes: no desde la claridad, sino desde la tensión. No desde la pureza estética, sino desde la contradicción.
Tal vez el arte popular ya no busca coherencia, sino fricción.
Como cuando de niños creemos que una historia es solo un cuento… y de adultos entendemos que hablaba de poder, de violencia, de identidad.
(Inciso: de esto hablamos en nuestra próxima actuación Normas, triquiñuelas y otros cuentos. Actuamos el 18 de febrero a las 20:00h. Si estás por Murcia, ven a vernos).
Cierre: quedarse en la grieta
Yo me quedé en esa grieta.
Disfruté del ritmo, del movimiento, de la fiesta. Pero también me molestó algo que no sé nombrar del todo.
Tal vez sea mi formación.
Tal vez mi manera de entender el arte como herramienta de conciencia.
Tal vez mi deseo (ingenuo, lo admito) de que la forma esté a la altura del fondo.
No tengo una respuesta cerrada. Solo esta certeza provisional:
El espectáculo ya no es inocente, y quizá nunca lo fue.
Y como educador, como artista, como comunicActor, me interesa quedarme ahí.
En la pregunta. En la incomodidad. En ese lugar donde el arte deja de ser solo entretenimiento y empieza a enseñarnos algo… incluso cuando no sabemos muy bien el qué.
basado en hechos reÁlex 🎭

